Mostrando entradas con la etiqueta Crítica de cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica de cine. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de abril de 2012

Hoy doble función: Sabrina de Billy Wilder y Sabrina de Sydney Pollack o Una (pequeña) obra maestra contra porquería noventera



¿Por qué hacer una reseña de dos películas que se titulan igual y aparentemente tratan de los mismo? Por la sencilla razón de que son dos películas muuuuy diferentes queridos lectores. No entiendo, en verdad, el afán de “modernizar” clásicos por parte de los productores, que no entienden que por eso son clásicos, porque son eternos y no necesitan ninguna modificación. Se entiende que existan distintas versiones de películas basadas en novelas clásicas como: Drácula (creo que hay una por década), el retrato de Dorian Gray u Oliver Twist. En el caso de Sabrina esta un poco justificado el remake, las películas se basan en una obra de teatro. No sé que tan fieles son las películas en base a su contraparte teatral. Sin embargo, el público debió ubicar más a “Sabrina” como una película de Billy Wilder, protagonizada por Audrey Hepburn y Humphrey Bogart, que por ser una obra de teatro, según dicen, regular. Antes de entrar de lleno a las películas ¿de verdad era necesario rehacer “Sabrina”? Amigos, los zapatos de Billy Wilder son muy grandes de llenar. Los ejecutivos a los que se les ocurrió esa “genial” idea deben ser unos verdaderos ignorantes de la cinematografía. Es como si a algún imbécil se le ocurriera hacer una copia de la capilla sixtina, en la iglesia de su vecindario, y aparte de copiarla mal, le pusiera elemento “actuales”. Una historia un tanto banal como lo es en esencia “Sabrina”, bajo la lente de un genio como Don Billy Wilder, puede resultar un film conmovedor. En contraposición con la versión de Pollack, de la que me encargaré en breve. Planeo hacer más de estos ejercicios (tengo en lista de espera “Lolita” y “El gran Gatsby”) espero que lo disfruten y los haga reflexionar, que no siempre lo moderno es sinónimo de mejor.

Sabrina, Billy Wilder, 1954
Siendo justos, esta es una pieza menor dentro de la gran y maravillosa filmografía del señor Wilder. No es el diez perfecto de grandes obras maestras como lo son “The Apartment” “Some Like It Hot” y “Private Life Of Sherlock Holmes”, pero aun una película regular de este gran director está muy por arriba del promedio, es, digamos, la pequeña joya de la corona de éxitos. Y... ¿de qué trata Sabrina? Basada, como ya dije, en una obra de teatro, cosa común en los estudios de aquellos años, que solían adaptar éxitos teatrales al cine, de hecho, en la película, Bogart hace referencia a la siguiente película de Wilder Seven Year itch también una obra de teatro de gran acogida. Regresando al film: Trata sobre la hija de un chofer, Fairchild, que está al servicio de los Larrabee, una familia inmensamente rica de Nueva York. Sabrina ha estado enamorada del menor de los hijos de los Larrabee, David, un junior frívolo y desobligado, en contraposición con su hermano Linus, un hombre de negocios empedernido y adicto al trabajo. Sabrina no puede dejar de amar a su amor imposible David, con todo y que ve, desde su lejana orilla subida en un árbol, como en sus fiestas seduce a cuanta mujer se le presenta. Así que su padre la manda a París para que aprenda alta cocina. Es en territorio galo donde madura y aprende que antes de ver por los demás, tiene que ver por ella misma. De regreso a América, David por casualidad la encuentra y comienza a fijarse en ella, pero su repentino amor por Sabrina es peligroso para los intereses de su familia, quienes ya arreglaron un matrimonio que será beneficioso para todos, excepto para Sabrina, es cuando entra Linus, quien es el principal interesado en quitar a Sabrina del camino para realizar una muy afortunada fusión de industrias. Pero él no tardara en caer ante la hermosura y encanto de Sabrina.
Sabrina es la segunda película que protagonizó, ay, la sin igual Audrey Hepburn. Es imposible no adorar a esta actriz, que no sólo tenía un rostro de ángel y un talle perfecto. Además era una actriz muy íntegra y con una gran formación. Toda una dama. Otra sorpresa es la controvertida actuación de Humphrey Bogart muy criticado por su papel de Linus Larrabee, papel que se le ofreció a Gary Grant. Aquí discrepo de la mayoría de los críticos, adoro al actor que hizo el fabuloso papel de Roger O. Thornhill en North by Northwest de Hitchcock y a Cole Porter en Night and Day de Michaell Curtis. Pero Bogart es mucho más que un chico malo o un gangster, parecieran olvidar deliberadamente que él mismo interpretó al melancólico Rick en Casablanca (papel que curiosamente se le ofreció a Ronald Reagan) o a Charlie Allnut en la Reina de África. Bogart es un gran actor y para mí su actuación en Sabrina es de las mejores, al mismo nivel que en Casablanca. William Holden hace bien su trabajo como el niño rico y mujeriego, una excelente contrapartida de Bogart. El contraste de la Sabrina antes de salir a París, joven, pero muy niña todavía, inmadura, tanto que intenta suicidarse asfixiándose con el humo de los coches adentro del garage. Con la Sabrina después del viaje, elegante, confiada, pero con su encanto y ternura completamente intactos; es muy obvio, pero no descaradamente obvio como en la otra película. La magia que imprime la Hepburn durante todo el metraje es cautivador, tan sólo cuando la vemos salir a una fiesta, por primera vez como invitada, en la casa de los Larrabee, con aquel vestido y su cabello corto, uno queda hechizado con tanta belleza. O aquella maravillosa toma desde arriba donde la vemos bailar sola en la cancha de tenis con techo; con su elegante vestido esperando a que David cumpla su fantasía romántica -a la cual no acude debido a un gracioso accidente-, mientras la orquesta toca isn't it romantic, no tengo palabras que describan la hermosura de esa escena. La mancuerna que hace con Bogart, no creo que la haya logrado con Grant, de ejemplo está “Charade”, al menos en Sabrina, le dan mucha verosimilitud a sus personajes; factor que se ha dejado atrás en actuales comedias románticas. Sabrina puede resultar para algunos; un cuento de hadas de los cincuenta, ñoño y cursi, y tienen razón. Pero su impecable manufactura, su inigualable encanto y unas actuaciones que ya muchas producciones quisieran tener, hacen que sin importar los años, aún caigamos enamorados de Sabrina (tanto del personaje como por la actriz Audrey Hepburn).

Sabrina de Sydney Pollack 1995

Cuarenta años después, el señor Pollack, en un exceso de miopía y arrogancia, se le ocurre hacer una nueva versión del clásico romántico. También hay que ser justos, la película no es tan mala en realidad, tiene unos chascarrillos insípidos que de vez en cuando hacen reír, y la actuación de Harrison Ford como Linus no está nada mal, aunque se nota que fue el único actor que hizo la tarea de ver la película original para adaptar su personaje, que queda muy lejos todavía del personaje que interpretó Bogart. En esencia, trata de lo mismo con unas muy poco afortunadas modificaciones. El primer detalle que me llamó la atención es que en esta versión el padre de los Larrabee está muerto, a diferencia de la versión de Wilder, que, aunque hace un papel muy secundario, era gracioso y tenía mucho sentimiento. Otro detalle es la brutal transformación de Sabrina. Para empezar Julia Ormond no le llega ni a los talones de la Hepburn, que como ya señalé, era una actriz primeriza cuando rodó el clásico de Wilder, para empeorar las cosas, ni siquiera es la cuarta parte de bonita. Todavía peor, su vestido en la fiesta de los Larrabee no es tan esplendoroso como debería ser. La primera Sabrina es demasiado diferente a la Sabrina después del viaje, al inicio de la película la vemos poco agraciada y femenina. En la primera película la inmadura Sabrina era potencialmente bella (es difícil afear a Audrey Hepburn), lo que provocaba en el espectador, cierta vergüenza por David por no poner atención ante la hermosura de la hija del chofer. En la versión noventera, uno no tiene un lazo de empatía por el personaje principal, debido a lo insustancial actuación de ésta. Otra diferencia y que apela mucho a la sensibilidad de aquella época, es que está vez, Sabrina va a París para trabajar de fotógrafa en una revista de modas (¿qué tiene de malo la alta cocina?), otra mayor diferencia contra su antecesora, es que aquí sí vemos tomas de la ciudad luz... no son la gran cosa, también vemos un breve e innecesario romance de Sabrina con un compañero de su trabajo (¿de verdad era necesario, cuando todos sabemos que ama con locura a David desde el inicio?), otro cambio para “actualizar” la historia fue el del mentor que le enseña un poco de lecciones de vida a Sabrina: En vez de un anciano conde prusiano, tenemos una mujer madura, a la cual le copia el look. Cuando la vemos regresar a América, lo único que cambia es su peinado, de ahí en fuera, la actuación es muy pobre y la transformación física muy exagerada.
Ahora vamos a lo peor, la desangelada relación de Linus y Sabrina en la versión de Pollack. En la de Wilder, en mi escena favorita, cuando David se accidenta dejando sola a Sabrina y Linus se aprovecha del infortunio de su hermano. El sorpresivo e inesperado coqueteo de Linus logra crear una atmósfera de ternura y encanto, que si nosotros fuéramos Sabrina, también nos dejaríamos besar sin previo aviso por Bogart. En la de Pollack, la escena, aunque bien fotografiada, es muy corriente, y aquí Sabrina responde ante el beso con una bofetada, arruinando una de las escenas más misteriosas y melancólicamente dulces de la historia del cine. En Pollack, Sabrina tarda demasiado en descubrir el lado humano del frío hombre de negocios que aparenta ser Linus. Es más, es demasiado hostil con él. En el fabuloso ritmo de la película de los cincuentas, vemos un Linus no como un acartonado hombre de negocios, sino como un acartonado hombre de negocios con el corazón roto; detalle magistralmente aprovechado por Wilder e ignorado por Pollack, así como el plan para “apartar” a Sabrina de David fraguado por Linus, que es muy claro en la original y no tan ambiguo y poco claro en la versión de los noventa. Otro problema que tengo con la versión “nueva” es la música ¿dónde están isn't it romantic y la jocosa we have no bananas today? Ok, tenemos La vie en rose, pero no es suficiente. (Ay, en la original, cuando Bogar le pide a la Audrey que se la recite, pero lento y quedito). Ford y Ormond no hacen una buena pareja, el Linus de Ford es demasiado parco y frío, mientras que Ormond no deja de ser odiosa, si yo fuera Linus, dejaría que David se follará a esa Sabrina tan molesta e insípida, con todo y que hubiera millones de por medio.
Para terminar de denostar la versión de Pollack, olvidó deliberadamente una de las mejores partes del film original, las geniales diálogos entre Linus y Fairchild, el chofer y padre de Sabrina. ¡Son los mejores diálogos de toda la película! Sin contar el discurso pro capitalista que se echa Linus que justifica su adicción al trabajo. Puede ser anticuada la primera versión para algunos, pero la segunda es asquerosamente moralina, perjuiciosa, llena de estereotipos y sin ningún contenido más allá de la cursilería.

Conclusión: Si vieron la versión de Pollack, tienen que ver con urgencia la primera película, la del maestro Wilder, verán que no miento al afirmar que son dos películas muy diferentes aunque lleven el mismo título. Para los que vieron la de Wilder; absténganse de ver otra versión. La Sabrina original es una maravilla, una pequeña joya que vale mucho la pena retomar, después de verla se la pasaran cantando todo el día we have no bananas today.


viernes, 3 de febrero de 2012

Sobre "North by Northwest" de Alfred Hitchcock


Título: North by Northwest
Dirigida por: Alfred Hitchcock
Guión: Ernest Lehman
Música: Bernard Hermann
Actúan: Gary Grant, Eva Marie Saint y James Mason

¿A quién no le gustaría, en algún momento de la vida, experimentar una aventura? Un viaje que esté lleno de emoción, suspenso, y grandes dosis de adrenalina. Creo que a muchos de ustedes, queridos lectores, les gusta imaginar, como a mí, su vida como una película. Por desgracia, la vida no está exenta de imperfecciones. Idealizamos un momento o un plan futuro, casi llegamos a creernos nuestros pronósticos y hasta repasamos mentalmente unas cuantas líneas, llega la hora, y resulta de la forma contraria a la que esperábamos. Es por eso que creo que el cine es una verdadera maravilla y cumple una función social que dista mucho de sólo entretener. Creo firmemente que es el medio más eficaz de transmitir de manera masiva una ficción; un sueño envuelto en celuloide. Pero no basta con transmitir una pequeña mentira que tanto el espectador como el director saben que no es real, hay que saber desarrollar una historia de tal manera que el público se logré sumergir en la ficción que está presenciando, y en definitiva, Hitchcock era un maestro para lograrlo.
North by Northwest (en España conocida como “Con la muerte en los talones” en Latino América como “Intriga internacional”) es un viaje sin precedentes por algunos de los sitios más representativos de los Estados Unidos. El punto de partida de esta increíble odisea de suspenso es en Nueva York, donde el aburrido agente de publicidad, Roger Thornhill (interpretado por el galante y genial Gary Grant), es confundido con un agente del gobierno, y es perseguido por una organización que se dedica a vender información clasificada del gobierno, liderada por Vandamm (un James Mason desafiante y malévolo). Thornhill ignora toda la maraña de intrigas y conspiraciones entre los agentes del gobierno y los terroristas y con suma razón, ¡él toda su vida la ha dedicado al negocio de la publicidad!, pero al huir del primer intento por desaparecerlo, obligándolo a conducir totalmente borracho en una autopista a alta velocidad, se topa con un nuevo obstáculo a demás de Vandamm y sus secuaces: La incredulidad de la policía... ¡y de su propia madre! Al intentar limpiar su nombre y descubrir al “verdadero agente”, sus investigaciones lo llevan al edificio de las naciones unidas, sólo para ser inculpado de la muerte de un diplomático y convertirse en el enemigo público número uno de toda la unión americana. Pero... no hay mal que por bien no venga, y al abordar un tren que momentáneamente le permitirá burlar a la justicia, conoce a la misteriosa femme fatale, Eve Kendall (una hermosa y sofisticada Eva Marie Saint, la clásica rubia que no puede faltar en un film de Hitchcock) quien lo ayuda a esconderse, ignorando que “casualmente” es la amante de su antagonista, Vandamm. Y aquí llevamos apenas una cuarta parte de lo que es la película, donde la acción es el plato fuerte, y el incesante acecho y persecución en el que vemos sumergido al protagonista, nos hace sentir como si nosotros fuéramos los verdaderos actores de la película. Por un momento nos distanciamos de nuestra vida, y somos Roger Thornhill, un hombre convertido en agente secreto a la fuerza y que intenta desentrañar una conspiración de alcance global, al mismo tiempo que intenta salvar a la mujer que ama.
Me gusta tanto North by Northwest que siempre que enciendo mi computadora, veo el wallpaper de mi escena favorita, la de Thornhill huyendo de un biplano en un desolado campo, escena parodiada y homenajeada miles de veces por la televisión, como en el episodio de los Simpson de cuando Marge intenta superar su miedo a volar y dentro de sus traumas recuerda el sorpresivo, como también ridículo e injustificado, ataque de un biplano sobre un maizal. Un homenaje que sólo un verdadero cinéfilo puede detectar. También en la serie “Padre de familia”, más específicamente en el episodio “Muerte en Quajhog” sino me equívoco, donde Peter y Louis intentan huir de un Mel Gibson enloquecido por que descubrieron su nuevo film de tendencias religiosas, se parodia la escena final, que se desarrolla en el famosísimo monte Rushmore. Estos dos ejemplos son una clara muestra de lo que una película puede provocar en el imaginario colectivo, demos gracias al cine por transportarnos a viajes que en nuestra realidad resultan imposibles: Todos deseamos un poco de emoción en nuestras vidas, pero nadie desearía ser perseguido por un crimen que no cometimos, ser atacado por una avioneta que violentamente dispara contra nosotros en un campo desolado (¡totalmente descubiertos y desarmados!), conducir a alta velocidad alcoholizados o enfrentar a unos maleantes en un monumento histórico, con grandes posibilidades de caer al vacío en el menor descuido (es sello de Hitchcock llevar el climax de la cinta en monumentos cívicos).
El guión de Lehman y las actuaciones del reparto son tan convincentes y redondas, que uno ignora que la madre de Thornhill, bien podría ser su contemporánea (Jessie Royce Landis tenía la misma edad de Gary Grant). Pero dejando a un lado lo envolvente que es la película, se nos muestra un mensaje maravilloso, sin importar los defectos que uno tenga, cualquiera puede ser un héroe, siempre y cuando sepa asumir su rol, no importa los obstáculos que se presenten. A final de cuentas, creo que todos tenemos un poco de Thornhill en nuestro ser, en cada situación extraordinaria que logramos resolver, en cada apuro en que salimos campantes, ahí estará el espíritu de la película “North by Nortwest”.
La música Bernard Hermann es épica y realmente complementa las escenas de acción de una manera sublime, la fotografía es hermosa y majestuosa (en especial la escena del biplano y un encuadre, a manera de vista de pájaro, de la vista de un piso muy superior del edifico de las naciones unidas), un clásico que no sólo les mostrará lo que es capaz un hombre en situaciones extrema, sino también descubrirán como una madre sobreprotectora puede poner en vergüenza a su hijo... ¡enfrente de sus posibles asesinos en medio de un ascensor!
En conclusión: Un verdadero monumento al cine de acción y suspenso, de las mejores de Hitchcock.

jueves, 19 de enero de 2012

Sobre “The Party” de Blake Edwards


Odio las fiestas, créanme que no aguanto estar en una mucho tiempo, y también creo firmemente que ningún ser sensato va a divertirse a ellas (para eso mejor pongan una película de Blake Edwards, es entretenimiento garantizado). Empero, para mi desgracia, parece existir una ley universal en el complejo mundo de la psique femenina: La “fiesta” es el lugar; el evento por excelencia. La oportunidad de ponerse sus mejores atavíos y pescar el mejor candidato con el mejor material genético. Mentira que van a “divertirse”, para ellas diversión significa la coquetería detrás de su sofisticado antifaz de maquillaje, el sentirse más atractivas en compañía de un hombre, la insistente competencia por ver quien es la más deseada... en fin, un festival de hipocresía y engaño. Todavía recuerdo, tristemente, que cierta compañera de la facultad que destrozó mi corazón, se la pasaba hablando de las fiestas, que era, además de sus actividades extracurriculares, su “actividad” favorita (seguramente ese día que tuve la desgracia de encontrármela en la calle de frontera y Álvaro Obregón, se dirigía a una fiesta, sniff). También recuerdo a una mesera de la que estuve enamorado, que prefirió salir con un actor mediocre, sólo por que la llevaba a fiestas. Inclusive, la única vez que tuve un poco de acción con una mujer, admito que fue en una fiesta, horrenda por cierto (la fiesta, digo).
Quizá por eso me siento tan identificado con Peter Sellers (famoso por su papel del inspector Clouseau en la Pantera Rosa, también de Blake Edwards), en su simpático papel de hindú (un británico haciéndola de hindú, qué escándalo), en el cómico film “la fiesta inolvidable”.
La película va más o menos así: Hrundi V. Bakshi, un bien intencionado, pero muy torpe actor. Crea todo un caos en un set de filmación. El director del film, indignado, le pide al productor que lo veten de los estudios para siempre, al apuntar el nombre del actor, accidentalmente lo ponen en la lista de invitados de su fiesta . Hrundi recibe la invitación, y va con la mejor de la intenciones, a dicha fiesta. Donde su torpeza y su bondad desataran situaciones hilarantes en una reunión destinada al fracaso.
Tal vez sea una interpretación personal, pero en las películas que he visto de Blake Edwards, como la Pantera Rosa, Desayuno en Tiffanys y sobre todo en ésta. Hay una muy sutil crítica a las hipócritas reuniones de las altas esfera, donde el hombre común, simple y ordinario, en contraposición con los demás invitados, inclusive con el mismo anfitrión, es visto claramente con mayor riqueza humana. En el caso del hindú Hrundí, observamos un personaje humilde y sensato que sólo quiere pasarla bien, pero las fiestas nunca están diseñadas para pasarla bien. La presunción, la pose y el despilfarro, son los principales protagonistas de dichas reuniones. Hrundí no para de meterse en problemas y causar destrozos al intentar adaptarse en un universo al cual no pertenece, habitado principalmente por personajes bizarros como: actores de westerns que salen con modelos italianas, productores que ultrajan a sus actrices y sobre todo, gente superficial. No todo es ridículo en el buen Hrundí, la ingenuidad que trasmita logra, de alguna manera, cautivar a una actriz en ascenso de nombre Michel (interpretada por Claudine Longet), quien junto al despistado hindú, logran autoexcluirse de la fiesta, y prácticamente realizan una fiesta, dentro de la misma fiesta.
La película es un festín de carcajadas, pero llega a momentos ser conmovedora, la música de Henry Mancini es siempre impecable y sofisticada, y bueno... Peter Sellers es una leyenda dentro de los actores de comedia.
¿Quieren ahorrarse ir a una fiesta? Vean “The party” y olviden todos los inconvenientes de las fiestas reales.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sobre "Private Life of Sherlock Holmes" de Billy Wilder


Sobre “Private Life of Sherlock Holmes” dirigida por Billy Wilder

Si me pidieran que escogiera a mi director de cine favorito, me vería en un verdadero aprieto, son muchas las películas que me gustan y de tan variados autores, que sería de suma dificultad precisar qué director es el que más me satisface. Sin embargo, si me formularan la pregunta y tuviera que responder de inmediato, dos nombres me vendrían a la mente, Alfred Hitchcock y Billy Wilder, y como de Hitchcock ya hice una reseña (no muy buena por cierto) ahora toca el turno de Wilder y una de sus películas no tan conocidas.
Private Life of Sherlock Holmes (o la vida privada de Sherlock Holmes) fue para mí una increíble y muy agradable sorpresa. De todas las películas y series que he visto inspiradas en el famoso detective (Basil Rathbone y Charlton Heston han hecho excepcionales interpretaciones de nuestro querido detective) ninguna me conmueve tanto, como la paráfrasis que hace Wilder del misterioso personaje de Conan Doyle, enfocándose principalmente en un aspecto nada explorado por otros directores, su vida privada. Desde su singular inicio, cuando un Watson con voz en off nos narra que mantuvo inédito un caso debido a la controversia que puede causar, por lo tanto, decidió mantenerlo oculto. No es hasta que varias décadas después de su muerte se abre la caja que contiene dicho relato y uno que otro artículo personal (entre ellos, la jeringa con la que se metía sus dosis de heroína) de quién el mismo Watson relata que “Fue la persona que convirtió la deducción en un arte, el único y más grande detective privado, Sherlock Holmes”. La historia comienza con un terriblemente fastidiado y deprimido Sherlock (interpretado por el genial Robert Stephens) que se queja de que no ha aparecido un caso que pueda estar a la altura de su intelecto, aparte de que le echa en cara a Watson (un satírico Colin Blakely) todos los mitos que se le han achacado a su persona: su altura, su vestimenta (culpa del ilustrador), que lo tache de drogadicto (sólo se inyecta heroína cuando está aburrido), su virtuosismo en el violín, la exageración de sus relatos y en especial, su misoginia: Sherlock admite que le gustan las mujeres, sólo que desconfía de ellas (como bien dice: “te guiñen los ojos mientras le ponen arsénico a tu sopa”), las cosa se pone divertida cuando por insistencia de Watson, acepta ir a una presentación del Ballet ruso, donde la bailarina estrella, Madama Petrova, tiene un “caso” muy peculiar, quiere tener un hijo, pero anda todavía buscando un posible padre, y de entre la larga lista de famosos candidatos (entre ellos Nietzche y Tchaikovsky, de éste último resulto que “las mujeres no eran su debilidad”), el señor Holmes fue de los últimos prospectos, así que le ofrecen un Stradivarius a cambio de... su esperma prácticamente, nuestro detective, pues... busca alguna excusa para liberarse de tan embarazosa situación, llega incluso a alegar que es hemofílico, pero ya en su desesperación por rechazar su nuevo y galante caso, “confiesa” que él y el doctor Watson son más que compañeros de aventuras, conclusión que los lectores más mal pensados de los casos de Sherlock Holmes ya habían dilucidado, en fin, esto desata la ira del pobre doctor Watson, quien la estaba pasando bien con unas ballerinas tras bambalinas. También plantea una duda en la mente de Watson ¿Será Sherlock Holmes una máquina pensante incapaz de sentir emociones? ¿Cómo es su relación con las mujeres? Estás preguntas no tienen respuesta hasta que una amnésica y muy atractiva cliente aparece en la residencia de la calle Baker, poniendo por fin a trabajar la desocupada mente del mejor y más famoso detective, y conforme avanza la película, descubrirán una red de conspiraciones que los llevarán directamente a Escocia (con todo y monstruo del lago ness) y a vislumbrar un secreto que pondrá en peligro al imperio británico.
Si bien la trama puede estar ligeramente inspirada en el relato “Escándalo en Bohemia” (según yo) lo cierto es que es una historia original que sólo el duo Wilder-Diamond pueden ofrecer. La película tiene todos los detalles que hacen de Wilder un maestro: una gran belleza en la fotografía (las locaciones de Inverness son impecables), memorables escenas (chequen la sensual parte donde la amnésica cliente intenta seducir sin mucho éxito a un castísimo Sherlock) el socarrón y muy negro humor característico de este genial director y sobre todo, ese aire melancólico y agridulce, siempre presentes en cada uno de sus filmes.
Pienso que es un clásico que debe ser revalorizado y una película imprescindible para todos los fanáticos de Billy Wilder, La vida privada de Sherlock Holmes no es sólo una de las mejores películas que se hayan hecho sobre el más famoso detective inglés (con perdón del Padre Brown), sino que también es, por mucho, una de mis películas favoritas.

lunes, 22 de agosto de 2011

Sobre 5 cm por segundo de Makoto Shinkai


Soy un hombre con pésimo gusto en cuanto a materia de sentimientos se refiere, recuerdo hace dos años cuando salí del cine casi llorando al ver la película “Cerezos en flor” película que a la mitad nos transporta a Japón. Como todos sabemos los cerezos anuncian la llegada de la primavera y caen a una velocidad de 5 cm por segundo. Desgraciadamente la animación del todavía inexperto Makoto Shinkai no provoca los sentimientos que debería transmitir, no digo que la película sea mala, al contrario, la animación es impecable y el diseño de los personajes resulta encantador, pero me parece un film animado que se empeña en no ser una obra maestra, peca de humildad; al mismo tiempo que muestra escenarios soberbios del país nipón, tanto de sus futurista capital como de lugares rurales, como vemos a la mitad de la primera historia y lo que es todo el segundo capítulo.
La primera parte es excelente, Takaki y Akari son una pareja de niños muy unida, comparten los mismos gustos y aficiones y se profesan un amor mutuo, aunque son incapaces de decírselo el uno al otro. Al graduarse de la primaria Takaki se entera de que Akari se va a mudar a un pueblo lejano, pero esto no impide que se sigan comunicando mediante cartas y llamadas telefónicas, el deseo de volverse a ver es tal que planean verse en una estación de tren, pero la desgracia vuelve a aparecer, ya que tanto Akari como Takaki se van a cambiar de domicilio, y eso imposibilita su plan de estudiar juntos en el instituto. Resignado Takaki va en busca de Akari como habían acordado, pero ¡Oh sorpresa! Una fuerte helada irrumpe el país, atrasando los itinerarios de los trenes, la desesperación consume a nuestro protagonista, y se consuela recordando los buenos tiempos que paso con su amiga, para colmo extravía una carta dirigida a Akari donde confiesa sus más íntimos sentimientos. Justo cuando cree que es demasiado tarde, descubre que Akari sí lo esperó y pasan la más tierna noche de su vida (sólo son pubertos de trece años) platicando en una viaje choza, al final ninguno de los dos confiesa su amor, y jamás se reencuentran. Para serles sincero es la única parte de la película que me gusto.
La segunda parte, vemos a Takaki en un remoto pueblo japonés con costa (hay que señalar que un gran merito de la película es la representación gráfica de algunas locaciones reales) estudiando su bachillerato al lado de una aficionada del surf llamada Kanae, ésta se enamora perdidamente del protagonista, aunque sabe que no corresponderá su amor, porque intuye que él ama a alguien más. Así que en todo el capítulo vemos pasajes oníricos, paseos en moto, a Takaki escribiendo mensajes en su celular (que nunca envía) y la incapacidad de Kanae de confesar sus sentimientos. Total ven el despegue de una satélite espacial y Kanae por fin logra dominar una ola.
La tercera parte no es más que un triste (pero frío) epílogo donde vemos a los otrora amigos, como adultos, Takaki es incapaz de entender que Akari ya está realizando su vida, y se hunde en una terrible depresión. Al final cree encontrar a Akari en la calle pero un tren pasa enfrente perdiéndola de vista, la película termina con un buen tema musical.
En general, 5 cm por segundo me dejo con ganas de más. Tiene un genial arranque, pero es difícil tener cierta empatía por un personaje, cuando se sabe tan poco de él, me hubiera gustado ver más escenas de la tierna amistad que tenían los dos protagonistas. Si se hubiera ahondado más en el pasado como infantes de los dos personajes, el impacto emocional sería mucho más profundo en los otros capítulos, de hecho, me atrevería a decir que sólo hay dos capítulos, el tercero es ridículamente breve. Toda la película es muy corta (dura un poco menos de una hora) la estrechez de 5 cm por segundo la siento más como una pretensión minimalista, y es por lo que estoy disgustado con este genial animador, ¡la historia da para más! Con el mismo final (que puede ser menos insípido) y la patética historia de la muchacha surfera, pero con un desarrollo de los protagonistas mucho más profundo pudo ser la animación del siglo. Makoto ha sido comparado con Miyasaki, pero nada que ver... incluso en sus primeros trabajos se notaba una extraordinaria genialidad, chequen aquella maravilla que es “El castillo Cagilostro” protagonizada por el carismático Lupin, Makoto es un excelente animador, pero se necesita más que sentimentalismo ambiguo para contar historias; quizá es una película difícil de entender para un público occidental, lo admito, pero la primera parte me gustó tanto y me sentí tan profundamente identificado, que lo demás, en términos argumentales, deja mucho que desear. Sí ya sé que hay mucho simbolismo y que la imagen es la principal protagonista dentro de la fabula realista de Makoto Shinkai, pero no dejo de sentir que pudo ser la mejor historia de amor y distancia que se haya contado jamás. Con todo es una buena animación, la recomiendo ampliamente... pero no comentan mi error, esperé demasiado del pobre Makoto.

lunes, 15 de agosto de 2011

Sobre la película "Mi bella dama" de George Cukor


Los musicales son un placer culpable, ¡Qué tire la primera piedra quién no haya visto un centenar de veces “Vaselina”! Algunos son innegables clásicos (tenemos “The sound of music” o “West side History”) y otros francamente raros y extravagantes (“Tommy” que no hace mucho honor al disco conceptual de The Who, “Across the Universe” la siento forzada y “Mamma mia” bueno... tiene música del grupo ABBA sobra decir lo que pienso de ella) sin embargo “My Fair Lady” o “Mi bella dama” me parece uno de los mejores musicales adaptados al cine, a pesar de tener un terrible defecto: La actriz que interpretaba a “la original” Eliza Doolittle en el musical que se presentó en teatros, que era nada más y nada menos que Julie Andrews, no aparece. Bueno... aparece Audrey Hepburn así que no hay mucha queja, pero Julie Andrews tenía mucho más carisma en el género musical, por el simple hecho de que sabía cantar, así que a la hora de hacer playback le salía más natural, sobra decir que interpretaba mejor las canciones que la cantante que dobla a la Hepburn, Marni Nixon.
Puedo pasármela hablando sobre lo infravalorada que es la famosa actriz-cantante británica, ya que se le encasillo injustamente en el genero musical (vean las sensacionales actuaciones de la Andrews en “Torn Courtain” de Hitchcock o en “Darling lily” de su en ese entonces esposo Blake Edwards) pero la versión cinematográfica del musical en cuestión está muy bien logrado.
Para empezar esta basada en una historia de Bernard Shawn (archienemigo de Chesterton jajaja) Pigmalión, y la trama del filme va más o menos así:
En la Inglaterra Eduardiana (por ahí de principios del siglo XX) en una noche lluviosa, un misógino profesor de fonética, el profesor Higgins (interpretado por Rex Harrison) humilla públicamente a la muy humilde florista Eliza (la hermosísima Audrey Hepburn) por tener un pésimo uso del idioma inglés. Total, avergonzada, Eliza decide tomar clases con el profesor Higgins, a su vez que éste, hace una apuesta con el coronel Pickering de que puede hacer creer a la realeza que la humilde florista Eliza es una dama de sociedad; los resultados son hilarantes, los métodos poco Ortodoxos de Higgins desesperan a Eliza (son mucho más extravagantes que los que utiliza el personaje Lionel Logue para curar la tartamudez del rey Jorge VI en “El discurso del rey”) en la escena de las carreras hace el ridículo, enamorando a un joven aristócrata Freddy, el padre de Eliza se vuelve rico al recibir la herencia de un filántropo gracias al profesor Higgins, y casi al final, en el baile de la embajada, un pupilo del profesor Higgins intenta desenmascarar a Eliza y llega a la conclusión de que habla tan bien el idioma inglés, que no puede ser inglesa, sino una princesa húngara.
Audrey Hepburn hace lo que mejor sabe hacer actuar y lucir esplendorosos vestidos, (la verdad es que canta horrible, sino me creen chequen “Funny face” aquí conocida con el ridículo título “La cenicienta en París”) las coreografías son sencillas pero impecables, los temas musicales son muy buenos (aunque un poco ridículos) y todos los personajes están llenos de un carisma inigualable, en especial sus protagonistas, el profesor Higgins, con su estricta conducta y su fanatismo desenfrenado por su idioma, y la siempre encantadora Eliza Doolittle, impregnando de ingenuidad toda la película y diciendo Garn! Todo el tiempo, también vemos un peculiar triángulo amoroso entre el profesor, Eliza y Freddy.
Mi parte favorita es la escena del palco privado en el hipódromo, aquí vemos una clara burla a la estricta y estirada sociedad inglesa, todos vestidos de manera sofisticada, en especial las mujeres, luciendo sombreros de hasta un metro. Sobra decir que Audrey Hepburn luce espectacular.
Mi bella dama nos enseña que no importa cuan humilde o pobre sea uno, siempre se puede seguir adelante a pesar de las limitaciones. Definitivamente un clásico, que al final van a estar tarareando “The Rain in Spain” “wouldn't it be lovely?” “Whit a little bit of luck” o “I could dance all night”.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sobre la película “Vértigo” de Alfred Hitchcock.


Con frecuencia se olvida, que uno de los capítulos más tiernos de los Simpson, es aquel en el cual Homero le busca pareja a Selma, termina encontrando al profesor Skinner como un buen candidato, y éste termina enamorándose de su hermana gemela Paty, irónicamente. La referencia a la obra maestra de Hitchcock, radica en que, de la nada, hay un campanario en la escuela primaría de Springfield, parodiando la escena donde John Ferguson sigue a Madeleine (aka Jude) sin poder controlar su acrofobia.
Es cierto que los buenos capítulos de los Simpson, están plagados de referencias a las películas de Hitchcock (hay un homenaje a la “ventana indiscreta”, en el final de un capítulo hacen una parodia “los pájaros” y como olvidar la deliciosa escena donde Maggie le pega en la cabeza a Homero, haciendo un divertido homenaje a “Psicosis”) pero “Vértigo” es una de mis películas favoritas, y si no la han visto corran inmediatamente a rentarla o comprarla, se puede vivir sin nunca haber tenido sexo, pero no sin nunca haber visto vértigo.
La historia es un tanto compleja, porque trata más de lo que pasa en la cabeza del personaje: el detective retirado John Ferguson (interpretado por el genial James Stewart) que al haber tenido un trauma con las alturas en sus horas de servicio, lo imposibilita para seguir trabajando, los problemas empiezan cuando se reencuentra con un excompañero de la universidad Gavin Elster, que le pide de favor que vigile a su esposa, ya que está convencido de que la poseyó un espíritu de uno de sus antepasados, hasta aquí tenemos un thiller policiaco-paranormal, pero nada es lo que parece dentro de la retorcida mente de uno de los grandes genios de la cinematografía.
Sin caer en los famosos “spoilers” la genialidad de la película es que es muy erótica, sin llegar a escenas de sexo directas (de hecho, es una película que se puede ver en familia), la obsesión que empieza a tener John (aka Scottie) por la “esposa” de Gavin, Madeleine es cada vez más profunda conforme pasa la película. Y es con lo que me identifico personalmente, uno llega a obsesionarse por la forma en que habla, actúa y viste determinada persona , son todo un conjunto de detalles los que nos hacen desear a aquella persona, objeto de los más desesperados deseos.
La fotografía de la ciudad de San Francisco es muy bella, y nos presenta un mundo desolador, en contraposición de la imagen que generalmente tenemos de ser una urbe muy alegre, con sus ferries y teleféricos. Las locaciones están muy bien pensadas, incluso tenemos una escena muy dramática en el puente Golden Gate.
Otra cosa que me llama la atención, es digamos, el triángulo amoroso entre John, Madeleine y la amiga de John, Marjorie. A pesar de tener un rol muy secundario, Marjorie es una persona muy preocupada por John, es la representación de una madre sustituta, empieza a quererlo mucho más cuando se da cuenta de que John está enamorado de otra persona, de nuevo vemos el clásico arquetipo de mujer, que empieza a interesarse en un hombre sólo porque está celosa.
La trama es muy redonda y no por nada 12 monos está muy inspirada en ella (incluso hay un breve homenaje) y es que nos plantea una cuestión muy interesante, ¿qué pasaría si tuviéramos una segunda oportunidad de amar?, de poder enmendar nuestros errores, de volver a amar a aquella persona que falleció o simplemente nos abandonó, la conclusión no es para nada alentadora, también vemos hasta que punto es justo abusar de la discapacidad de una persona, o del ligero parecido que puede tener una persona con otra.
Muchísimo antes que Darren Arfnosky, Hitchcock nos muestra la extraña imagen de la espiral, siempre omnipresente a lo largo del film, desde el peinado de una mujer, hasta en la forma de las escaleras de un campanario, también el color verde es muy recurrente, ya sea en el color de un coche, o en el traje de la protagonista, o de la perturbadora luz de un anuncio, reflejada en un cuarto de hotel.
La cúspide de la película llega con el surreal beso entre los protagonista, donde tiempo y espacio se distorsionan, dándonos una de las escenas más tiernas y perturbadoras del cine, se me salen las lágrimas cada vez que la veo, la música es perfecta.
En conclusión, vértigo es un clásico del cine, que se debe ver en incontables veces, su trama nunca aburre y siempre sorprende, es sencillamente perfecta, la obra de un visionario. Una de esas obras que después de verlas ya no se es uno mismo.